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La desigualdad laboral de la mujer es un hecho. Y si miramos de cerca un campo como el tecnológico, el problema se acrecienta. Un informe elaborado por la UGT en 2020 se hace eco de la Encuesta de Población Activa (EPA) elaborada por el INE y no deja lugar a dudas. Hay 550.000 hombres más que mujeres en puestos tecnológicos. Más del doble.

Si nos fijamos en el sector de la programación, la situación no es mejor. Frente a las 97.000 mujeres que se dedican a la programación, consultoría y otras actividades relacionadas con la informática, encontramos a casi 262.000 hombres.

Un bootcamp que proyecta un futuro igualitario

El bootcamp de programación de Skylab Coders Academy, considerado el mejor del mundo en 2021 por SwitchUp, quiere cambiar esta situación, a pesar de la imagen que se tiene de la programación como campo laboral. Es decir: hombre blanco encerrado en una habitación oscura, aporreando un teclado, realizando tareas repetitivas, con poca vida social. Y nada más lejos de la realidad.

“Iba con la idea de que solo me iba a encontrar personas introvertidas. Mito muy derrumbado”. Así de clara se muestra Serena Mejías, exalumna de Skylab Coders, que realizó el curso de programación de tres meses mientras trabajaba.

“He hecho dos carreras. Las dos trabajando al mismo tiempo”, explica Mejías. “El bootcamp es lo más duro que he hecho a nivel formativo. Durante tres meses, tu vida es solo programar. Y las pocas horas que no lo estás haciendo, estás pensando en cómo hacerlo. Es una experiencia muy agotadora, pero también son tres meses en los que lo das todo y que te abren un mundo nuevo. Desde mi experiencia, merece mucho la pena”.

Un bootcamp que tanto Serena como Carolina López, otra antigua alumna, acuerdan en definir como una experiencia dura pero necesaria para formar al profesional digital. Así habla Carolina de su experiencia:

“En Skylab buscan que tras las 11 semanas tengamos las herramientas necesarias para empezar a trabajar y seguir aprendiendo por nuestra cuenta. El curso previo al bootcamp, las 11 semanas de formación, los profesores, David, Diana y una comunidad de ‘skylabers’ superpotente. Todo esto hace que Skylab sea más que una escuela”.

Y se trata de una academia enfocada, sobre todo, al mundo laboral. “Te enseñan exactamente la programación que buscan las empresas hoy día. Te preparan para salir a trabajar después del curso. No solo te enseñan programación, sino cómo adaptarte rápido a los cambios, cómo aprender rápido o qué prácticas usan las empresas», comenta otra exalumna, Darina R.

Prejuicios: enemigos de la integración

Los prejuicios no hacen justicia a la profesión de programador. Y no solo hacemos referencia al programador en sí, sino a la creencia extendida y falsa de que es necesario tener experiencia previa. Sobre este tema en particular, Darina R. declara lo siguiente:

“Pensaba que era necesario hacer una carrera de cinco años para salir al mercado laboral como programador, pero yo lo hice después de cursar un bootcamp de tres meses superintensivo. También creía que había que saber mucho de matemáticas, pero aprender a programar se parece más bien a aprender un idioma. Al acabar el curso, encontré el trabajo solo en diez días y estoy muy contenta”.

«Creía que había que saber mucho de matemáticas, pero aprender a programar se parece más bien a aprender un idioma. Al acabar el curso, encontré el trabajo solo en diez días y estoy muy contenta»

Ya hemos visto que la mujer sigue necesitando un esfuerzo extra a la hora de incorporarse al mundo laboral. Pero esto, afortunadamente, y gracias a labores como la de Skylab Coders Academy, está cambiando.

Toma la palabra Daniela Aguilera, otra antigua alumna de Skylab:

“Pienso que en este tema aún hay trabajo por hacer, ya que hace falta una mayor diversidad en puestos de liderazgo y hay que animar a las chicas a unirse a carreras tecnológicas […] Actualmente, trabajo en Adevinta Spain, donde están trabajando para incluir políticas de igualdad y donde se han desarrollado internamente iniciativas como Women in Tech, que tiene como misión impulsar y empoderar a las mujeres en posiciones técnicas tanto dentro como fuera de la organización”.

«Trabajo en Adevinta Spain, donde están trabajando para incluir políticas de igualdad y donde se han desarrollado internamente iniciativas como Women in Tech, que tiene como misión impulsar y empoderar a las mujeres en posiciones técnicas»

“La experiencia que me ha tocado a mí vivir no es nada desfavorable para las mujeres”, opina Serena Mejías. “Claramente, somos un número muy inferior, pero creo que es algo cultural. No creo que las empresas discriminen a la hora de escoger programadoras. No puedo hablar en general, pero lo que yo veo es que hay programas para ayudar a la contratación de mujeres en tecnología, sobre todo en grandes empresas”.

Darina R. cree que la situación está cambiando mucho. “Las empresas quieren tener el mismo número de mujeres que de hombres entre los desarrolladores web. Por ejemplo, en el equipo donde estoy trabajando, ahora somos siete programadores y tres somos mujeres”.

Complejidad, experiencia previa… Derribando mitos

¿Pero qué pasa con la experiencia previa? ¿Es necesario ser Cameron Howe en ‘Halt and Catch Fire’ para convertirse en una excelente programadora? El bootcamp de Skylab Coders Academy es el vivo ejemplo de que no importa la edad, los estudios o la relación previa con el mundo de la programación.

Así lo confirma Darina R., cuya experiencia se centraba en el sector del turismo, gravemente afectado por la situación pandémica.

“En abril del año pasado, y como consecuencia de la pandemia, me quedé sin trabajo y decidí aprovechar la oportunidad para hacer cambios en mi vida profesional, algo que llevaba pensando hacer desde hace tiempo. Me acordé de un amigo que hace poco también hizo un cambio en su carrera profesional en poco tiempo, escogiendo estudiar programación. Su experiencia y todo lo que me hablaba de la programación me inspiró y decidí probarme como programadora”.

Su caso es bastante similar al de Serena Mejías. “Yo trabajaba en el departamento de finanzas de una multinacional farmacéutica, que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Por una parte, tenía buenas condiciones de sueldo y horario. Por otra, en este tipo de empresas no se suele rotar y hay pocas oportunidades de crecer. Tienen una cultura muy tradicional de trabajo y están poco abiertos a cambios y a mejoras de procesos”.

“Me fui dando cuenta de que lo que más me gustaba de mi trabajo era automatizar procesos”, sigue Serena. “En ese momento, mi única herramienta para este tipo de tareas era Visual Basic, aunque me gustaba mucho y le dedicaba bastante tiempo. Gracias a mi pareja, que es programador, empecé a conocer más a fondo este mundo”.

Un panorama profesional alentador

¿Qué horizonte espera a la mujer programadora? Darina R. es optimista, mientras que Carolina López se muestra más cauta. “Creo que es bastante favorable, ya que las empresas, cada vez más, quieren tener programadoras entre sus trabajadores”, apunta Darina.

“Es un sector donde hay mucho movimiento y posibilidades. Es cierto que la pandemia ha traído cambios en la digitalización de muchos procesos y, por tanto, necesidad de programadores. Pero me parece que las oportunidades para acceder a un primer empleo como programador júnior han disminuido”, matiza Carolina.

“En Skylab —declara Daniela— te enseñan a aprender muchísimo en muy poco tiempo. Desde el primer día, estás absorbiendo información y de forma muy práctica. El temario es muy completo y se mantiene actualizado con las últimas tecnologías que demanda el mercado. Por otra parte, hay mucho compañerismo y se crea una pequeña familia con la que compartes y aprendes constantemente. Además, el equipo humano es inmejorable: Diana, David y Manuel son grandes personas y profesionales que realmente se preocupan de tu éxito”.

Un éxito al que, como hemos visto, le sobran prejuicios y, en ocasiones, le falta apertura de miras. Necesitamos derribar el concepto que tenemos del programador de una vez por todas; una profesión que ofrece expectativas de futuro a mujeres y hombres y que se presenta como un proyecto de vida a tener muy en cuenta.

Foto de portada | Pixabay

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